Génesis de Tibia




Capítulo I: El despertar de los Dioses

Al principio sólo había un vacío grande y abierto. Estaba en todas y en ninguna parte.

En el vacío aparecieron dos poderosas entidades que eventualmente fueron conocidas como los dioses superiores. Fardos el Creador y Uman Zathroth quien combinó en él dos mitades desiguales, un Dios benigno agraciado con un intelecto divino, y Zathroth el Destructor era la otra oscura mitad. Estas eran las dos mitades de una sola entidad enigmática, y aunque cualquiera de las dos era perfectamente capaz de actuar por si mismo como si fuera totalmente independiente, no lo eran. Estaban atados eternamente con un lazo eterno irrompible, y compartían un único destino.

Nadie sabe de donde vinieron los dioses superiores, o si siempre habían existido y eventualmente se habían levantado de su letargo infinito. Pero en algún lugar del camino decidieron crear un universo. Seguramente fue Fardos el Creador, ya que era conducido por la necesidad de crear y dar vida. Rebosaba de poder creativo y estaba impaciente por utilizarlo, así que caminó hacia la existencia y dio rienda suelta a sus poderes. Sin embargo ninguno de sus intentos de crear vida fue satisfactorio. Todas sus creaciones eran engullidas por el vacio antes de que estuvieran completadas, y ninguna sobrevivió.

Uman Zathroth observó pensativo los intentos de Fardos. Uman era sagaz y tenia increíbles poderes mágicos. Todavía más importante, era conducido por un hambre insaciable hacia el conocimiento y la iluminación. En ese sentido se parecía a Fardos, pero donde Fardos trabajó abierta y lógicamente, Uman prefería trabajar en el misterio. Aún así compartía los intereses de Fardos en la creación, mientras que Zathroth la parte oscura era básicamente corrupta. Zathroth era un Dios vanidoso que era dolorosamente consciente de que sus poderes creativos eran pobres. Por ello miraba el trabajo creativo de Fardos con envidia, y desde el principio estuvo determinado a prevenirlo o al menos corromperlo de cualquier forma que pudiera. Fardos, que no sospechaba nada, le pidió ayuda ya que se dio cuenta de que él no podría obtener la creación por si solo, pero por supuesto Zathroth se negó. Sin embargo Uman aceptó ayudarle. Y desde ese momento Fardos y él trabajaron juntos en el gran proyecto que la creación era.


Desafortunadamente sus esfuerzos combinados eran escasamente más satisfactorios. Igual que antes todo lo que Fardos y Uman creaban era engullido por el vacío tan pronto como llegaba a existir, y los dos Dioses tristemente vieron sus creaciones escurrirse entre sus dedos, igual que pasa el agua por un tamiz. Por otro lado Zathroth, que observaba todos los esfuerzos con suspicacia, se regocijaba. Ridiculizaba sus esfuerzos. Sin embargo, su alegría se transformó en sorpresa y enojo cuando se enteró de que algo extraño sucedió, algo que tal vez no esperaban Uman y Fardos. Al día de hoy, nadie sabe con precisión qué fue lo que lo causó. Tal vez el poder utilizado atrajo a otra entidad de la nada, o podría ser que simplemente que otra entidad divina se despertó de su letargo. Algunos incluso afirman que de alguna manera misteriosa el poder utilizado por Uman y Fardos en realidad creó una nueva entidad. Sea cual sea la verdad, una nueva Diosa salió de la nada como una recién nacida sirena de una concha. Los dioses superiores observaban admirando asombrados su belleza divina, pues todo en ella era perfecta armonía. Estuvieron de acuerdo en llamarla Tibiasula. Zathroth, sin embargo, se puso de pie y se enfureció. Pero astuto como era, escondió su resentimiento y fingió compartir la alegría de los demás dioses superiores.



Capitulo II: La gran creación

En su divina sabiduría Uman se dio cuenta de inmediato que Tibiasula podría ser un poderoso aliado en el proyecto de la creación, y pronto le pidió que uniera fuerzas con Fardos y él mismo para trabajar en la colosal tarea que se extendía ante ellos. Tibiasula, que también estaba intrigada por la idea de la creación, aceptó fácilmente. Y así sucedió que hubo tres creadores donde antes sólo había habido dos, y juntos se pusieron a trabajar con renovado vigor. Esta vez, sin embargo, optaron por un enfoque diferente. Uman, cuya naturaleza le destinaba a revelar secretos y ver cosas que otros no podían, se dio cuenta de que faltaba algo, un punto fijo, un fundamento firme sobre el que se podría construir la creación. Sin el, no habría manera de enfocar las fuerzas creativas primarias, y todos los esfuerzos de los dioses serían en vano. ¡Y así Uman inventó el tiempo! Sabía que si el vacío se sujetaba al movimiento y se sometía al flujo eterno del tiempo sería mucho más fácil enfocar sus poderes divinos.


Pero primero, el tiempo tuvo que ser creado. Para ello, todos los dioses combinaron sus poderes. Incluso Zathroth, la mitad maligna de Uman que desdeñó abiertamente la creación, estaba fascinado con la idea del tiempo, y estuvo de acuerdo en ayudar a los demás dioses superiores en su esfuerzo. Su oferta fue aceptada de buen grado, pues los otros dioses no sabían entonces lo que había visto él con claridad desde el principio: Que el tiempo llevaba la semilla de la destrucción. Comprendió que un mundo que estaba sujeto al incesante paso del tiempo estaría condenado a perecer lentamente, y esto era por lo que aceptó de buen grado ayudar en su creación. Y así sucedió que por una vez todos los Dioses superiores trabajaron juntos y emitieron sus poderes combinados en el vacío. Y por fin una enorme espiral tomó forma en el vacío, la columna de cristal del tiempo que iba a ser el fundamento de toda la creación, los Dioses se regocijaron. Zathroth, sin embargo, se alegró aún más de lo que se atrevió a mostrar porque sabía que ahora toda la creación sería imperfecta de una manera que nunca podría ser deshecha.

Zathroth se había opuesto a la idea de la creación desde el principio, y había jurado en secreto frustrar los planes de los otros Dioses por cualquier medio necesario. Con este fin los había ayudado en la creación del tiempo, y esta fue la razón por la que finalmente decidió matar a Tibiasula. Había guardado rencor contra la Diosa desde que se creó porque detestaba compartir su estatus divino con otra deidad. Sin embargo, su disgusto se convirtió en odio mortal cuando vio que Tibiasula llenó con éxito la brecha que, Zathroth, había dejado al negarse a participar en la creación. Finalmente, se decidió a hacer lo impensable. En secreto creó una daga de gran poder en la que puso todo su odio y ser destructivo, un arma que estaba en condiciones de matar a un Dios. Luego se acostó, esperando el momento oportuno. Y por supuesto ese momento llegó. Un fatídico día, cuando los otros Dioses casi habían agotado sus poderes para acabar la poderosa columna del tiempo Zathroth aprovechó la oportunidad y se llevo a Tibiasula a su lado. Inocente y completamente inconsciente de las maliciosas intenciones de su compañero, Tibiasula fue una presa fácil. Zathroth metió la hoja en su corazón con toda la fuerza que pudo reunir. herida de muerte la Diosa se dejó caer al suelo, y de su cuerpo sangraron los elementos del fuego, agua, tierra y aire, los componentes de su ser divino que habían sido arrancados de su antigua armonía por la traición vergonzosa de Zathroth.

Cuando se enteraron del acto atroz Uman y Fardos se sorprendieron. Trataron de aferrarse a la moribunda Tibiasula, con la esperanza de evitar que se desintegrase en el vacío, como todas sus creaciones anteriores. Cuando todo lo demás había fallado llevaron a cabo un plan desesperado: Decidieron tejer un poderoso hechizo que uniría el cuerpo de Tibiasula a la columna del tiempo. Zathroth rio burlón triunfante, pero esta vez cometió un error crucial, porque no pudo escuchar atentamente las palabras que Uman y Fardos dijeron, y así se perdió la única oportunidad que tuvo para aprender el secreto de la creación, un secreto que sería escondido de él para siempre. Uman y Fardos, sin embargo, se pusieron a tejer los elusivos elementos en poderosas hebras. Estaba más allá de su poder el unirlos en su previa harmonía, pero en cambio, lograron algo que era totalmente nuevo: La primera creación genuina.



Capítulo III: El nacimiento de los elementos

Así aconteció que Tibia, el núcleo vivo de toda la creación, nació. Se deriva del elemento de la tierra, mientras que Sula, el poderoso mar suave que lanza gentilmente el oleaje contra las costas de Tibia, fue creado a partir del elemento del agua. El aire se elevó sobre la creación y se extendió como un manto protector sobre ella, mientras que el fuego fue el fundamento, calentando la tierra con sus llamas eternas. Finalmente todos los elementos habían tomado su lugar para formar el mundo, y cada una de las partes individuales de la Diosa brillaba con energía divina. Sin embargo, todos eran salvajes e impetuosos, impulsados por su naturaleza impulsiva. Estaba claro que ninguno de ellos había heredado el espíritu amable de Tibiasula, la armonía había sido destruída para siempre. Sin embargo, Uman y Fardos no se dieron por vencidos. Decidieron crear algo nuevo a partir de los elementos, algo que podría parecerse a Tibiasula o por lo menos honrar su memoria. Durante muchos eones estudiaron los elementos, hasta que finalmente hicieron un importante descubrimiento, los elementos contenían semillas para nuevas creaciones, granos que darían sus frutos si uno de los Dioses superiores se unía con los elementos. Y así sucedió que los dioses por fin descubrieron el secreto de la vida.

Fardos fue el primero en intentarlo. Se unió con el elemento del fuego, y el fuego le dio dos hijos: Fafnar, una hija, y Suon, un hijo. Muy pronto estos dos nuevos dioses tomaron sus lugares legítimos en la creación. Ellos eligieron vivir en el cielo que estaba sobre él. Y así sucedió que dos soles subieron por encima de la creación hasta derramar su luz sobre ella. Por desgracia, los dos hermanos eran muy diferentes en carácter, y no se llevaban bien. Mientras Suon era tranquilo y considerado, su hermana Fafnar era imprudente y salvaje, y descuidadamente asoló el mundo con sus llamas abrasadoras. Finalmente, Suon perdió la paciencia con su hermana. Él la atacó, y así una lucha furiosa siguió. En esta lucha Suon prevaleció porque él era más fuerte que su hermana, y así Fafnar volvió a huir a través del cielo, tratando de llegar a la seguridad de las profundidades donde el fuego, su madre elemental, vivía. Sin embargo, Suon siguió a su hermana hasta su refugio en las profundidades, y así Fafnar lo dejó y huyó una vez más a través del cielo. Suon continuó su persecución implacable, y lo hace en la actualidad. Esta es la razón por la que cada día los soles desaparecen del horizonte durante un tiempo, haciendo que la tierra caiga en la oscuridad.


Luego Uman probó suerte. Se unió con la tierra que como sabemos se llama Tibia. Y la tierra creó a Crunor el Señor de los Árboles. Este Dios estaba lleno de encanto y vitalidad. Como Fafnar, su prima caprichosa, Crunor amaba a su propia forma, pero él era más sabio que ella y mucho más modesto. Pronto se convirtió en un creador de seres vivos, porque estaba inspirado por la creación y por el don milagroso de la vida. Él diseñó las plantas según su propia imagen y las colocó sobre el cuerpo de la madre Tibia, hasta cubrir toda la cara como una hermosa prenda.

Fardos entonces se unió con el aire, y engendró a Nornur el Dios del Destino. Nornur envidiaba la forma orgullosa de Crunor porque él había heredado la forma frágil y delicada de su madre, y de hecho su cuerpo apenas tenía más sustancia que una nube pasajera o una canción en el viento. Le pidió a su creativo primo ayuda para conseguir un cuerpo firme de su propiedad, pero no importó lo mucho que los primos lo intentaron, no se encontró una solución. Nornur siempre era lo que había sido desde el inicio: Un dios etéreo, la sombra de una sombra. Para consolar a su triste primo, Crunor le sugirió a Nornur que al menos debería crear algún ser vivo que le perteneciera a él para que pudiera manifestarse a sus servidores. Y así sucedió que las arañas llegaron al mundo, criaturas elegantes y espeluznantes que sabían tejer telas de gasa de gran belleza. Frágil y fugaz, estas telas delicadas asemejaban la forma efímera de Nornur.

Por último, Uman se unió con Sula, el mar, y ese fue el momento en que Bastesh la Señora del Mar fue concebida. Ella era sumamente hermosa, y Uman y Fardos estuvieron tristes cuando la vieron, pues ella les recordó a Tibiasula, antepasada divina de Bastesh. Pero, ¡Ay! Su belleza no duraría. Cuando Fafnar, la diosa vanidosa del sol, contempló a Bastesh, estalló con celos y la atacó con toda la furia de su herido orgullo. Hundió profundamente sus garras de fuego en el frágil cuerpo de la Diosa recién nacida, y si no hubiera sido por los otros Dioses la habría desgarrado completamente. Ese fue el momento en que Suon decidió castigar a su hermana por sus fechorías, y como justo castigo fue condenada a continuar su vuelo eternamente, huyendo a través de los cielos de Tibia de la furia de su hermano. Bastesh, sin embargo, nunca se recuperó de las terribles heridas infligidas por su celosa prima. Su belleza se arruinó para siempre casi tan pronto como llegó a este mundo, pero lo que era peor fueron las cicatrices que llevaba dentro. Ella creció siendo tímida y melancólica, y prefería la tranquila soledad del océano cuyas aguas se dice que son saladas debido a sus lágrimas incesantes. Sin embargo, a pesar de que rara vez se comunica con el mundo exterior su presencia fue revelada por una abundancia de criaturas marinas que pronto poblaron el océano.



Capítulo IV: Las primeras criaturas

Zathroth observó el progreso de la creación con indignación y disgusto. Si se hubiera salido con la suya, habría borrado la creación en ese momento. Sin embargo, sabía que carecía de poder para hacer eso, especialmente desde que Fardos y Uman eran ahora muy conscientes de sus intenciones y lo observaban detenidamente. Tendría que recurrir a otros medios para traer la ruina a la creación. Fue por esta razón que observaba el concepto de vida con gran interés, porque previó claramente que una gran cantidad de daño se podía hacer a través de ella. Por mucho que odiaba a la mayoría de Dioses que se habían creado, hubo uno que le había llamado la atención. Los bajos instintos de Fafnar y sus poderes destructivos no dejaron de impresionarlo, y así un plan apareció en su mente. La halagó con elogios y en poco tiempo logró seducirla. Así Brog el Titan Rugidor fue concebido. Una abominación excesivamente fea que tenía un solo ojo en su enorme cabeza, Brog había heredado poca astucia y ninguna cautela de su padre, sin embargo, era fuerte y feroz, y el calor furioso de su madre quemada violentamente dentro de él.

Cuando creció, Brog era dañado por el fuego que ardía dentro de él, hasta que un día cuando se hizo insoportable convocó todos sus poderes mágicos y liberó tanta llama dolorosa en el mundo como pudo. El fuego abrasador se mezcló con su rabia, y de ella se levantó Garsharak, el primer dragón, que más tarde engendró toda una raza de inteligentes, lagartos gigantes, una carrera que a la larga traería el terror y el caos a Tibia. Brog vio la terrible criatura que había creado accidentalmente, y se alegró cuando vio cuán feroz y poderoso era. A pesar de que era bastante estúpido él también tenía el don de crear vida, y en un acto de vanidad lo utilizó para crear los cíclopes a su propia imagen.

Zathroth observó los experimentos de Brog con gran interés. Hasta ahora no había tenido a su hijo en alta estima, pero la vida era algo para lo que el mismo tenía poco talento. Puesto que él no entendía las leyes de la vida sabía que el talento de Brog podría ser un gran activo. Llamó a su hijo y le dijo que continuara con sus experimentos, instándole a crear algo más aterrador y destructivo que cíclopes. A pesar de que estos gigantes eran feroces y fuertes, no eran tan destructivos como quería que fueran. De hecho, debido a su amor por la minería y herrería los cíclopes eran una raza creativa en lugar de una raza destructiva. Peor aún, no se propagaban con la suficiente rapidez para que fueran una amenaza real para la creación. Por esta razón Brog creó trolls y goblins, razas que eran más débiles que los cíclopes, pero se propagaban mucho más rápido. Sin embargo, su obra maestra indiscutible fueron los orcos, una raza de guerreros temibles, que vivían sólo para expandirse y conquistar. Pronto se habían extendido por todo Tibia, y eran el azote de todo lo que estaba vivo.



Capítulo V: La era del caos

Uman miró con tristeza el daño que su mitad maligna había hecho a la creación por la que Fardos y él habían trabajado tan duro. Sentía que Zathroth finalmente había ido demasiado lejos. En su desesperación buscó a Fardos para que lo aconsejase. Juntos, decidieron que lo mejor sería cortar el vínculo entre Uman y Zathroth de una vez por todas. Se dedicaron a esta tarea con gran energía, y sus esfuerzos pronto parecían tener éxito. Sin embargo, mientras más débil era el vínculo entre Uman y Zathroth, el propio Uman se debilitaba, y al final se dieron cuenta de que la dualidad no podía separarse sin poner en peligro la existencia misma de Uman. Finalmente se abortó la invocación. Uman tuvo que aceptar el hecho de que la dualidad entre Zathroth y el mismo no podía ser rota, y que su destino y de hecho su propia existencia estaban entrelazadas por la eternidad.

Sin embargo, los esfuerzos en conjunto de Fardos y Uman no se quedaron totalmente sin consecuencias, ya que durante el fallido intento de separar al doble Dios una pequeña parte se separó de ellos. Este pequeño fragmento creció y se expandió hasta que tomó forma y con el tiempo se convirtió en una criatura sensible propia. Esta fue la hora en que Kirok el Loco nació. Debido a su peculiar ascendencia este extraño dios tiene una retorcida o, como dicen algunos, esquizofrénica naturaleza. Heredó la mente creativa de Uman y su naturaleza inquisitiva, por lo que eventualmente se convirtió en el Dios patrono de todos los que siguen el camino de la ciencia y la investigación. Sin embargo, el rasgo por el que Kirok es muy famoso es su retorcido sentido del humor. Él adora las bromas de mal gusto e ingeniosas, y esta peculiar característica lo convierte en el favorito de los bardos, bufones y de todos los demás tipos de personas sospechosas.

Mientras que Fardos y Uman estaban trabajando duro en sus hechizos, los secuaces de Zathroth pasaron a arrasar la preciosa creación de los Dioses superiores, y la devastación continuó sin pausa. Parecía como si todo el mundo estaba condenado a perecer. Sin embargo, algunos de los Dioses menores que estaban cansados de tan sólo esperar mientras su amada Tibia era devastada, decidieron poner resistencia contra las hordas salvajes. Bastesh la Señora del Mar creó enormes criaturas misteriosas, que eran a la vez elegantes y feroces, y llenó su amado océano con ellas para asegurarse de que los secuaces de Zathroth nunca contaminaran sus aguas puras. Sin embargo, había poco que pudiera hacer para ayudar a sus primos que vivían en la tierra seca. De todas sus criaturas las únicas que sobrevivían en la tierra eran las serpientes venenosas. Crunor y Nornur también crearon criaturas para luchar contra Brog y las hordas de Zathroth: Crunor el Señor de los árboles creó lobos feroces, mientras Nornur equipó sus amadas arañas con veneno mortal para hacerlas más poderosas.

Sin embargo, aún con todos sus esfuerzos, los Dioses no podían crear criaturas que estuvieran a la altura de las despiadadas y bien organizadas hordas que vagaban por la tierra. Las pieles de los lobos y los quitinosos exoesqueletos de las arañas no podían resistir el acero de las espadas de los orcos, y por cada troll que fue derribado por el veneno otros dos llegaban a ocupar su lugar. Al final los hijos de los Dioses se retiraron a zonas que eran fáciles de defender: Los lobos huyeron a las profundidades de los bosques, mientras que las arañas se escondieron en cuevas profundas. Allí continuaron sus luchas, defendiendo sus reinos contra el ataque del enemigo superior. Estos pequeños focos de resistencia fueron los únicos santuarios en un mundo que se hundía más y más profundamente en el caos. Y lo peor aún estaba por llegar, los dragones consideraron que había llegado el momento de tomar lo que era suyo por derecho.

Durante siglos se habían propagado y ampliado en silencio, en gran parte desapercibidos por todas las demás criaturas. Pero ahora que Garsharak, el primero y más fuerte de su raza, los envió al mundo, no sabían ni de restricción ni de misericordia. Los ejércitos orcos fueron derrotados por las mágicas llamas implacables del fuego de dragón, y pronto aquella orgullosa aunque bárbara raza, que hasta entonces no había conocido el significado de la palabra derrota, fue conducida a refugiarse en asentamientos subterráneos. A sus aliados, los poderosos cíclopes, no les fue mejor. Aunque ganaron notables victorias utilizando sus poderosas armas y armaduras, también tuvieron que ceder ante el poder superior de los temibles dragones. Y se unieron a sus antiguos aliados, los orcos, y sus primos débiles, los trolls, en su exilio subterráneo. Sus ciudades orgullosas que se habían construido en el curso de los siglos fueron quemadas hasta el suelo, y sus forjas de renombre se perdieron para siempre.

Aunque los dragones se habían apoderado del dominio de la tierra, la guerra no había concluido. Sus enemigos acérrimos, cíclopes y orcos, resentían lo que sentían era una prisión en las entrañas de la tierra, y continuaron la lucha desde sus escondites subterráneos. Y de hecho, los dragones, que ya habían sido debilitados en el curso de las batallas anteriores, sufrieron graves pérdidas. Pero ahora la guerra también se desató entre los antiguos aliados, ya que cíclopes y orcos competían por la comida y el espacio en sus moradas subterráneas. Y a pesar de que ninguna de las partes era lo suficientemente fuerte como para superar a los demás la guerra continuó con fuerza, y todas las razas sufrieron mucho en la épica lucha. La tierra fue sembrada con cuerpos, y aunque parecía que la vida misma sería borrada de la faz de Tibia las pérdidas de todas las razas que participaron diariamente crecían en número. Era como si los vivos se ahogarían en los cuerpos de los muertos.


Los viejos Dioses vieron como la batalla cataclísmica continuó. No sentían ninguna compasión por aquellos que morían porque se preocupaban poco por las criaturas de Zathroth, pero sabían que faltaba algo, que alguien necesitaba cuidar de los cuerpos y las almas de los que dejaron de vivir. Comenzaron a buscar una solución, y finalmente Uman propuso que un nuevo Dios se debía crear, un Dios que debía velar por los muertos. Decidieron que la tierra, que en cierto modo era la que entregaba la vida, debía tener un papel a la hora de quitarla, y que Uman debía ser el padre del Dios recién creado. Pero, ¡Ay! Los viejos Dioses no eran tan cautelosos como deberían haber sido, y así Zathroth el Destructor escuchó sobre sus planes demasiado pronto. Estaba fascinado por la idea de la muerte desde el principio, porque vio en ella una nueva oportunidad de traer más caos y destrucción en el mundo. Pronto había ideado un vicioso plan. Se hizo pasar por su mitad benigna Uman para engañar a la tierra, y con ella engendró otro Dios: Urgith el Maestro de los muertos vivientes. Esta deidad horrible se dedicó a la muerte al igual que el Dios Uman y Fardos tenían en mente, pero él no era el guardián benigno de los muertos que habían imaginado. En cambio, Urgith era un Dios cruel que se esforzó en infundir los cuerpos de los muertos con energía profana, condenándolos a un estado que no era ni vida ni muerte. Por lo tanto, la hora del nacimiento de Urgith marcó el principio de los muertos vivientes.

Muy pronto innumerables muertos vivientes vagaban por el mundo. Después de todo, Tibia seguía cubierto por innumerables cuerpos muertos de orcos, cíclopes y otras criaturas, el legado de los muchos años de guerra incesante. Estos cadáveres proveían a Urgith con la piscina ideal de reclutamiento, y ansiosamente transformó todos los que caían en sus manos en sus siervos horripilantes. Los Dioses miraban con horror como una nueva plaga asolaba su amada creación. Se apresuraron para finalmente poner su propio plan inicial en práctica, y Uman se unió a la tierra con el fin de engendrar a Toth el Guardián de las Almas. Iba a ser su misión guiar con seguridad las almas de los muertos al otro mundo, donde podrían descansar de forma segura en la paz de un letargo, sin sueños, eterno, mientras que los gusanos, sus fieles servidores, pululaban para devorar sus cuerpos dispersos por Tibia. Pero el daño ya estaba hecho, y a pesar de que Toth y sus siervos lo hicieron lo mejor que podían las horribles creaciones de Urgith seguían vagando por la tierra. Todas las otras criaturas, que ya estaban debilitadas en gran medida por sus guerras sin fin, podrían poner poca resistencia al nuevo enemigo que aumentó en fuerza con cada pérdida que sufrieron. Parecía como si Tibia estaba condenado para siempre a ser un mundo que fuese habitado por los muertos vivientes.

Los Dioses superiores miraron lo que le había sucedido a su mundo, y su corazón se llenó de dolor y resentimiento. Sabían que si no actuaban ahora Tibia estaría destinada a convertirse en una tumba, por lo que comenzaron a buscar una solución. Finalmente acordaron tratar de crear una raza sensible propia, una raza que sería lo suficientemente fuerte como para asumir la lucha contra las hordas que asolaban su amado mundo. Y así crearon una raza y la enviaron a Tibia. Pero, ¡Ay! Los secuaces de Urgith eran demasiado fuertes. Su raza fue derrotada en una generación, y fue borrada de la faz de Tibia. Así Uman y Fardos crearon raza tras raza, y raza tras raza se vio abrumada por las abominaciones viciosas que Urgith había lanzado al mundo. La mayoría de estas razas desaparecieron de la faz de Tibia para siempre, dejando pequeñas pero melancólicas leyendas y misteriosas ruinas. Hoy en día, esta triste época que se conoce comúnmente como la Guerra de los Cadáveres se cubre en gran medida en el misterio, y las desafortunadas razas que fueron destruidas son conocidas como los antiguos.

Sin embargo, no todos los antiguos fueron erradicados en la lucha feroz. Al menos dos de las razas creadas por los Dioses mayores en el curso de esta lucha épica de alguna manera lograron escapar de la destrucción y sobrevivir hasta hoy. Una de ellos fueron los elfos, criaturas delicadas que podían manejar arcos e instrumentos musicales con la misma habilidad. La otra eran los enanos, una raza valiente de mineros y herreros dotados. Ambas razas lucharon con valentía, pero ambos tuvieron que ceder ante el poder vicioso de sus enemigos, y sólo fue huyendo a lugares seguros y refugiándose que ellos lograron sobrevivir. Los elfos después de muchas dificultades buscaron refugio en las profundidades insondables de los bosques, mientras que los enanos se atrincheraron en sus fortalezas impenetrables en las profundas montañas de Tibia. Allí, estas razas esperaron tiempos mejores, amargamente deplorando el cruel destino que les había enviado a este mundo terrible. Pero al menos ellos habían sobrevivido. Todas las otras razas antiguas fueron aparentemente condenadas al olvido, a pesar de que en ocasiones se afirma que hay otros sobrevivientes.

A pesar de su fuerza, estas razas tenían un defecto importante en común: carecían de flexibilidad. Y esto resultó ser fatal en la guerra contra el enemigo implacable que enfrentaban. Los que no fueron aniquilados sucumbieron a las tentaciones de Zathroth. Más de uno de los antiguos cayó por astutas promesas de Zathroth de poder y conocimiento, y la leyenda dice que los Dioses superiores iracundos castigaron brutalmente a muchos de ellos por su traición. Hay incluso una teoría persistente que algunos de estos antiguos más adelante se transformaron por el artero Zathroth en los primeros demonios. Sea como sea, Ninguno de los antiguos pudio cumplir con las expectativas de sus creadores: Uno a uno fueron abrumados por el enemigo, y las hordas siguieron caminando por el mundo. Pero los Dioses superiores habían aprendido de sus errores. Su próxima creación iba a ser muy adecuada para la tarea. Y los llamaron los humanos.



Capítulo VI: La creación de los humanos

Así aconteció que los Dioses superiores crearon a Banor el Guerrero Divino. Él fue el primer ser humano, y aunque sus creadores le dieron poderes que ningún otro miembro de su raza nunca sería capaz de igualar, ya mostró muchas características que demostraron claramente que era humano. Hasta el día de hoy es especialmente venerado como un ideal de la caballería y la valentía de los que se dedican al arte del combate cuerpo a cuerpo, porque era justo y valiente en la batalla, y su habilidad con la espada es legendaria hasta este mismo día. La leyenda cuenta que los Dioses también planeaban crear un hermano gemelo de Banor, y que este poseería poderes mágicos increíbles. Sin embargo, se dice que Zathroth robó este prototipo para crear de él el primer Demon Lord. Sea cual sea la verdad, el hecho de que los seres humanos entraron en el mundo de Tibia ya no podía pasarse por alto. Porque a pesar de sus muchas debilidades eran una raza valiente e inteligente, y sorprendentemente bien adaptados al mundo sombrío en el que los Dioses les habían echado. Tomaron la lucha contra los muertos vivientes y los diversos otros seres despreciables que vagaban por las tierras, y pronto las hordas se dieron cuenta de que un nuevo y poderoso enemigo había surgido.


Más de una batalla feróz y sangrienta fue luchada, pero Banor, un líder valiente y astuto, condujo a su pueblo de victoria en victoria. Sin embargo, esos triunfos a menudo contaron con grandes sacrificios, y la enorme cantidad de enemigos a los que los humanos tenían que enfrentarse era abrumadora. Los Dioses hicieron todo lo posible para ayudar a su nuevo campeón en su lucha. Uman introdujo a la raza en el arte de la magia arcana, y más de un humano siguió su vocación de convertirse en un poderoso hechicero. Otros fueron instruidos por Crunor el Señor de los árboles para aprender acerca de los secretos de la vida, y se convirtieron en los druidas y aprendieron cómo curar a sus hermanos que fueron heridos en la guerra contra el implacable enemigo. De todos los seres humanos fueron ellos los que aprendieron más acerca de los secretos de la vida, y de hecho algunos de ellos asistieron a Crunor en la creación de muchas criaturas que pueblan Tibia hoy. Pero muchas de sus creaciones fueron muy pronto aniquiladas en el curso de la cruel lucha. Y la guerra siguió y siguió.

Banor estableció una fuerte presencia en la tierra, y consolidó su gobierno con la creación de una dinastía. Se casó con Kirana, la más noble de todas las mujeres, y ella le dio a Elane, que finalmente llegó a dominar tanto las artes del combate a distancia y el arte de la magia arcana, convirtiéndose así en la primera de los nobles paladines. Al día de hoy la posición del líder de todos los paladines sólo debe ser ocupada por una mujer, y las que lo hacen adoptan invariablemente el nombre honorífico de Elane. Más tarde Elane luchó codo con codo con su padre, porque Banor, que era de hecho un semidiós, llegó a vivir durante muchos siglos. Pero incluso esto no ayudó a cambiar el rumbo. Los guerreros humanos triunfaron siempre que Banor los llevó a su lado, pero el poderoso campeón humano no podía estar en todas partes, y los ejércitos humanos que iban a la batalla sin él eran vencidos por las hordas oscuras con demasiada frecuencia.



Capítulo VII: La renovación de Tibia

Por último, Banor pidió de nuevo a los Dioses que le ayudaran, y respondieron a sus oraciones. Una vez más fue Uman siempre ingenioso quien había encontrado una solución, una solución que era posible porque había hecho un descubrimiento más sorprendente: había descubierto que más allá de la estructura misma de la existencia había otras dimensiones, planos lejanos en los que incluso los Dioses superiores no tenían ningún poder. Sin embargo, Uman había encontrado una manera de establecer una conexión con estos planos alternativos de existencia, y después de mucha experimentación había aprendido que era posible conjurar las almas de las criaturas que viven en estos planos. Cuando eran transportadas a Tibia estas almas podían convertirse en forma humana, formando los campeones que necesitaba desesperadamente la raza humana. Esta fue la respuesta a los problemas del humano, y se puso rápidamente en práctica. Los Dioses plantaron una serie de entradas mágicas en Tibia, entradas que fueron nombradas rápidamente como Portales de Almas. A través de estas entradas un flujo constante de héroes vino al mundo, guerreros humanos que eran astutos y valientes, y con la ayuda de estos campeones las hordas abominables eran poco a poco empujadas hacia atrás. Por fin parecía que el orden sería restaurado.


Las cosas parecían más brillantes para la raza humana de lo que había parecido en mucho tiempo. Las fuerzas aliadas de los héroes y los humanos avanzaban más y más en el territorio del enemigo, y las hordas oscuras parecían estar al borde de la derrota total. Pero ¡Ay! Los que creían que las viejas razas serían borradas de la faz de Tibia por el bien fueron un poco apresurados, porque sucedió algo inesperado. Ante la aparente fuerza abrumadora de los ejércitos humanos las viejas razas hicieron lo que durante eones había sido impensable: firmaron una tregua. Dragones, orcos, muertos vivientes y todas aquellas otras razas que habían luchado entre sí durante tanto tiempo de pronto dejaron de atacarse unos a otros y se concentraron en su guerra contra la raza humana. Y así sucedió que de nuevo las cosas tomaron un giro para peor. A pesar de que sus enemigos no confiaban lo suficiente entre sí para formar una alianza que valiese la pena mencionar, el simple hecho de que ellos dejaron de luchar entre sí llevó a la raza humana a una situación muy precaria. Pronto su avance se detuvo, y una vez más se vieron obligados a defender.

Los ejércitos humanos decidieron retirarse a sus ciudades fortificadas para reanudar la guerra allí, pero una vez más hicieron un descubrimiento sorprendente. Por esta vez, la primera vez en la historia, los enemigos de los seres humanos no se apresuraban tras ellos para retomar la pelea. Muchos estaban desconcertados por esto, ya que no era evidente por qué las hordas actuaban de esa manera. Una teoría común era que las tensiones y la desconfianza mutua entre las viejas razas era demasiado fuerte para que ellos combinaran sus fuerzas en una gran alianza, y algunos incluso afirmaron que habían comenzado a hacer la guerra entre ellos una vez más. Otros sugirieron que las viejas razas se habían agotado en el curso de las muchas guerras, mientras que otros dieron a entender que se había alcanzado tal vez un equilibrio, un estatus en que todas las partes sentían que podían vivir. Cualquiera que fuese la razón, un período de paz inquieta pero fundamentalmente estable sobrevino, y dura hasta nuestros días. Por primera vez el problemático mundo tiene un respiro de la masacre incesante que tubo por eones.

Los seres humanos han aprovechado bien esta oportunidad. Bajo la sabia dirección de los reyes de Thais, que eran descendientes directos de Banor, la raza está viviendo una época dorada. Las artes y las ciencias prosperan, y más de una próspera ciudad ha sido fundada. La expansión de los humanos se ha encontrado con una feroz resistencia, y de hecho los héroes intrépidos que todavía entran en este mundo desde los misteriosos Portales de Almas están lo suficientemente ocupados luchando contra la constante amenaza planteada por todo tipo de criaturas hostiles. Pero hasta ahora la paz ha durado, y bajo su protección la raza humana por fin se ha afirmado como la especie dominante en Tibia. Sin embargo, hay señales inquietantes de que esta era gloriosa podría lentamente llegar a su fin. Pues los viejos enemigos nunca han sido vencidos, y ahora parece que se están haciendo cada vez más fuertes. Los orcos feroces están alborotandose una vez más, atacando a los asentamientos humanos y a veces hasta las principales ciudades en grandes ataques bien coordinados. Los muertos vivientes han comenzado de nuevo a caminar por la tierra, sembrando el miedo en los corazones de los vivos. Incluso hay informes desconcertantes de que los temibles dragones que han yacido latentes durante siglos están dejando de nuevo sus guaridas ocultas buscando presas. Lo peor de todo, los seres humanos, esa curiosa raza, ha comenzado disputas entre ellos mismos, y más de una vez las tensiones han llevado a conflictos armados. En el curso del tiempo, algunos seres humanos, incluso renunciaron a los Reyes de Thais y fundaron sus propias ciudades e imperios.

Puede ser que esta sea otra nueva estratagema del malvado Zathroth. Es bien sabido que sus secuaces más diabólicos, los horribles demonios, están al acecho en las sombras, esperando el momento oportuno. Quién sabe, tal vez Tibia está al borde de otra guerra catastrófica, y un nuevo crepúsculo caerá sobre el mundo. El destino solo sabe lo que el futuro tiene reservado para Tibia. Tengamos esperanza y recemos para que la unidad de los humanos no se rompa justo cuando más se necesite.


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