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Kristt, el druida estratega - La vida de Sancho (IV).


¡Por fin ha llegado el día! Después de varias semanas de preparación, junto a los miembros de mi guild haremos el Quest del Demon Helmet. Durante días hemos estado estudiando y preparando algunos métodos que, si mis cálculos no fallan, nada debería salir mal. 


Así entonces descendimos por las cuevas de Edron hasta llegar a la entrada del quest. Mientras el resto del equipo llegaba, yo exploraba un poco los alrededores para descubrir el mapa. Una de mis sorpresas fue encontrar un teleport junto a un  gran agujero que llevaba a un piso inferior. Desde donde estaba se podía observar como allí se había librado una batalla ya que había sangre en gran parte de la sala y un demonio muerto. De pronto, desde abajo escuché un grito que suplicaba por ayuda. Sin pensarlo bajé, no encontré nadie más que el cadáver del demonio y unas escaleras a la izquierda que llevaban a otro piso. Bajé aún más rápido y me encontré con una escena bastante aterradora. En un rincón del pasillo había un pobre chico moribundo rodeado por tres demonios, debía ayudarlo así que invoque mis hechizos más poderosos. 


- ¡Exevo Gran Frigo Hur! ¡Exevo Gran Mas Frigo! 


Los demonios cayeron de inmediato, la verdad es que ya estaban muy bajos de vida pero los gritos del chico daban a entender que estaba en serios apuros. Le estire la mano para ayudarlo a poner de pie a la vez que lo curaba con un mas res. Él me agradeció a más no poder. Me abrazo y ofreció todo el oro que tenía encima, el cual yo no podía aceptar. Estoy seguro que él habría hecho lo mismo por mi. 


- No sabes cómo te lo agradezco. Pensaba que moriría, ya había abandonado toda esperanza de salir de allí. Gracias de verdad. Por favor, recibe todo este oro como agradecimiento. 


- No tienes nada que agradecer, lo importante es que estás bien. Y tu oro no lo puedo recibir, mejor conservalo. Lo que si debemos hacer es salir de aquí cuánto antes. 


Una vez arriba comenzamos a hablar, me comentó que se llama Sancho y está haciendo una misión para Grizzly Adams. Debe matar mas de seis mil demonios. Bastante descabellado en mi opinión. Yo he hecho varias misiones, pero aún no llego al rango mayor así que me va a tomar un poco de tiempo para poder alcanzarlo. Le pregunté si había hecho el Quest del Demon Helmet a lo que respondió con un no, así que lo invite a unirse a nuestro equipo. Al principio se mostró desinteresado, no lo culpo luego de semejante susto que ha pasado, pero al contarle mi estrategia se animó. Nos juntamos con el resto de los chicos y nos pusimos en marcha por un largo camino de Fire Elementals. Había fuego por todos lados pero con unas cuantas avalanchas caían como si nada. El camino no era nada comparado con el reto que nos esperaba. Luego de un par de minutos nos topamos con el primer demonio. Entre tres knights lo rodearon y el resto de magos y paladines lo derrotamos en pocos segundos. Así seguimos hasta que nos encontramos con el teleport que lleva a la sala principal.


Está sala es bastante complicada. Solo al caer en ella aparecen cuatro demonios acompañados de varias Banshees. El problema de ellas es que te paralizan y se te dificulta moverte así que la entrategia era que un mago alto bajara, lanzara su Eternal Winter y al morir las Banshees los demás bajaríamos para acabar con los Demons. Pues toda esta estrategia no funcionó. El mago murió apenas bajó. El nervio en los chicos era evidente. Nuestra estrategia, a pesar de ser planificada por más de una semana no funcionó y no teníamos idea de que hacer. 


De pronto, Sancho dijo: 


- ¡Yo iré de primero! 


- ¿Estás loco? - le cuestioné. - Cuando bajes te van a rodear cuatro demonios y no tengo idea de cuántas Banshees. 


- Lo sé. Pero tú planificaste esa estrategia, estoy seguro que se te ocurrirá alguna otra. Yo puedo bajar y resistir hasta que tú llegues con tu Eternal Winter. 


Está idea no me parecía para nada mal. Sancho solo necesitaba unos cuantos amuletos, unos anillos y pociones para resistir unos segundos hasta que yo baje. Le dije que al bajar se moviera, no importaba hacia donde, pero que lo hiciera. Así yo podría bajar, lanzar mi mas frigo y correr a la derecha para trapearme con una mata por si se salía de control. Además, necesitaba que Sancho estuviese con toda la protección posible para aguantar tantas criaturas. Me asombra las agallas de este chico a pesar de que minutos antes suplicaba por ayuda y aún así, sabiendo que le esperan cuatro de los mismos demonios que casi lo matan, no ha mostrado ni un poco de temor. Entre mis amigos juntamos todo lo necesario para que Sancho estuviese bien protegido así que le pasamos anillos, amuletos y pociones. El momento de la verdad era ahora.



Continuará.


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