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Una fría expedición. La Vida de Sancho (VI).

···

–No aguanto más, debemos encontrar refugio cuanto antes. –Exclamó el hombre tiritando bajo un montón de capas hechas con pieles de animales. –Esta tormenta no se va a detener y ya hemos rodeado gran parte de la montaña, ya deberíamos haber llegado. 


–Cálmate, ya debemos estar cerca. Ten, bebe un poco. –Respondió su acompañante que, por el tono de su voz, debía ser una chica bastante joven, mientras le pasaba una cantimplora cuyo contenido hizo que el hombre arrugase el rostro al beberla. 


–¡Puag! Está porquería sabe a orina de elefante. 


–¿Acaso alguna vez has bebido orina de elefante para que digas eso? Que llorón eres –exclamó– Cállate y continua antes que te corte la lengua y te calientes con tu propia sangre. –Dirigiéndole una mirada bastante amenazadora. 


Caminaron durante largo rato en medio de una gran tormenta hasta que finalmente se toparon con la entrada a una cueva en la que se adentraron. El hombre sacó una antorcha y al encendió, haciendo que el lugar a su alrededor de iluminara y permitiera ver a su acompañante. Era una chica muy joven y hermosa, de piel blanca y cabello rojizo como el fuego. Sus ojos eran negros, penetrantes como la oscuridad de la cueva misma, además de tener todo el rostro cubierto por pecas. Él no era muy diferente, tenía el mismo color de piel y de cabello el cual se recogía com una cola, además, una barba muy tupida que cubría parte de su rostro. Cuando se quitó las pieles para sacudirse la nieve, se hizo visible un hacha de doble filo colgando en su espalda, muy grande para ser de una sola mano. Un arma que solo podía ser portada por un Knight de nivel avanzado. 


–Apaga esa antorcha, vas a dejar rastros para que nos sigan. –Lanzó un hechizo que iluminó toda la sala. –Vamos, según este mapa el camino debe ser por acá. 


Partieron a través de uno de los tantos caminos que habían, adentrándose en las profundidades de la cueva. Mientras más bajaban, más frío sentían, esto significaba que no estaban lejos de su destino. El camino no era muy complicado, eran minas antiguas y abandonadas, plagadas de murciélagos que los atacaban al ser alcanzados por la luz de su magia. En ocasiones se topaban con criaturas más feroces, pero ninguna lo bastante fuerte como para hacer frente a los ataques de aquel hombre ni para frenar el avance de ambos, que guiados por las marcas en su mapa, continuaron hasta divisar las escaleras que los llevarían hacia el siguiente piso. Sin dudarlo, el knight bajó.


–¿¡PERO QUE DEMONIOS!? Allá abajo está lleno de criaturas, voy a necesitar que me ayudes un poco. –Empuñó su hacha con ambas manos y bajó nuevamente, seguido por la chica. 


La escena era bastante violenta, criaturas por doquier rodeaban al knight que repartía hachazos y hechizos a todos a su alrededor. Ella por su lado, pronunció unas palabras que invocaron una poderosa magia que solo los Master Sorcerer conocen. –¡EXEVO GRAN MAS VIS!– Nubes y rayos aparecieron de la nada alcanzando a todas las criaturas. Muchas de ellas cayeron de inmediato, otras pocas quedaron malheridas lo que permitió que el knight las acabase. 


–¿Tanto alboroto por esto, Viggo? Tu si que eres dramático. 


–¿Dramático? Yo solo quería que te ensuciases un poco las manos, no puede ser que yo siempre haga el trabajo sucio. Vamos, ayúdame a revisar los cuerpos, con suerte nos sacamos algo bueno de esta estúpida expedición. 


–Cuando lleguemos te haré tragar tus palabras. Nada de lo que saques aquí se puede comparar con lo que podríamos obtener, así que apresúrate. El resto de inútiles no debe tardar en aparecer. 


–Hoy si que estás más amargada que de costumbre, –tomó todo el oro del último cuerpo y lo guardo en su bolsa –sigue así y nunca vas a encontrar un hombre que te aguante.

 

Ella se limitó a gruñir y comenzó a correr. Viggo le siguió los pasos ignorando todas las criaturas a su alrededor, iban tan rápido que apenas daba tiempo de verlos pasar. Ella bajó otras escaleras sin tibutear, y luego otras. Se encontraron en una sala enorme con unos mecanismos en el suelo de los que salían lanzas. Le hizo señas para que fuese al frente. Saco varias runas de su bolsa y lo comenzó a seguir de cerca, pero guardando una distancia prudente por si algo salía mal. Caminaron un poco encontrándose con criaturas que ya habían matado en el camino, nada especial, las derrotaban muy fácil. 


–Me parece que aquí no hay n.... 


Un estruendo invadió toda la sala. Unas máquinas extrañas de madera con hojas afiladas que giraban sobre si mismas aparecieron de la nada junto a varios Demons. En medio de ellos, una criatura mucho más grande y aterradora que el resto. Su piel era de color azulado como el hielo del norte. Sus cuernos, garras y colmillos eran mucho más largos y afilados que los de un demonio corriente y, la sangre en sus ojos, sumado al olor que desprendía, podían hacer que hasta el más valiente de los caballeros del rey tirase su arma y suplicase por su vida. 


–¡HERMANOO! – gritó.


Un solo golpe bastó para que el cuerpo de Viggo cayera sin vida. La criatura se acerco a gran velocidad hacia ella, sintió como una daga le pasaba por un costado, casi la impacta. Por suerte ella fue más rápida y pudo subir las escaleras. No lo podía creer, su único amigo y compañero ya no estaba gracias a su avaricia. La gente no tardó en llegar, el rumor de que uno de los miembros del Triángulo del Terror aparecería se había esparció mas rápido que la sangre de su hermano. Ghazbaran estaba aquí.


Continuará.


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